Brujería, Navarra-Nafarroa, Valle de Odieta

Anotzibar, la caza de brujas ignorada.

ANOCIBAR

LA CAZA DE BRUJAS IGNORADA

En el tranquilo valle de Odieta, y a tan sólo 20 km de Iruña/Pamplona, se encuentra el pequeño pueblo de Anocibar (Anotzibar en euskera).

Anocibar Navarra

Este pequeño lugar, junto al río Angiturri, hunde sus raíces en la Edad Media, cuando sus tierras pertenecían a los reyes de Navarra y a la orden de San Juan de Jerusalén.

Entre sus grandes casas de los siglos XVII y XVIII,  destaca la de Jauregia (palacio en Euskera), con vestigios góticos.

Historia Anocíbar

Cuando uno llega a Anotzibar, se respira una absoluta tranquilidad. Sin embargo, aquí sucedieron uno de los sucesos más terribles enmarcados en la caza de brujas de los siglos XVI y XVII en Navarra, aunque no tan conocido como el proceso de Zugarramurdi.

Anotzibar

Durante el siglo XVI, el viejo reino de Navarra, incorporado por las fuerzas de las armas a Castilla, sufrió una persecución sistemática donde muchos de sus vecinos y vecinas (sobre todo en los valles norteños) fueron perseguidos y acusadas de brujería.

Los años 1575 y 1576, fueron especialmente frenéticos, ya que las persecuciones se extendieron por los valles de Arakil, la Burunda, Araitz y Odieta, siendo precisamente uno de los casos más graves el acontecido en este último valle que se encuentra al norte de Iruña/Pamplona.

Ruta de la brujería Navarra

La pesadilla comenzó en el verano de 1575 cuando el abab de Ciáurriz y Anocíbar, Pedro de Esáin, recibió la visita de Juanes de Olagüe y su mujer María de Anocíbar que le contaron aterrados que sus hijos, Miguel de Olagüe de diez años, y su hermano, Martín de Olagüe de siete, habían sido embrujados.

Parroquia Santo Tomás Anocibar

El religioso, comenzó una investigación por su cuenta, realizando una serie de preguntas a los niños. Según el mayor de ellos, su tía María Juana de Anocíbar, les huntaba un ungüento que sacaba de un cuerno o una olla vieja y les llevaba volando hasta el lugar donde se celebraban los akelarres.

Allí les esperaban otros vecinos, entre los que estaban Miguel de Zubiri, Mariato de Anocibar, una tal Martierena y un vecino de setenta años llamado Joanot al que todos hacían reverencias y besaban las manos.

Ruta brujería Navarra
Eguzkilore en la puerta de una casa de Anotzibar. Según la mitología vasca el eguzkilore, por su forma de sol, espantaba a las brujas y los genios nocturnos.

Los niños aseguraban, que el resto de vecinos acudían a las reuniones en forma de «gatos y perros», dedicándose después a bailar durante toda la noche o envenenar y echar a perder los cultivos.
También acusaban a su tía de obligarles a escupir a las imágenes de la iglesia de Anocíbar y de no tomar agua bendita y escupir a un crucifijo.

Iglesia de Santo Tomás Anotzibar
Iglesia de Santo Tomás de Anocibar, construida en el siglo XVI.

Estos fantásticos relatos, llegaron a oídos de Bartolomé de Benavente, fiscal del reino, quien ordenó abrir diligencias.
A los acusados se les asignó un abogado, Pedro Larramendi, quien defendía que el testimonio de los dos niños «no es de crer ni es verisímil» y que lo relatado por los niños «más parecen sueños que no cosas que en realidad de verdad hayan pasado».
No obstante, los acusados fueron sometidos a tormento, confensado María Juana ser bruja.

Turismo Anocibar

Sin embargo, la realidad es que María Juana sufría desde niña crisis epilépticas, creyendo estar poseída, por lo que había acudido a diferentes lugares en busca de ayuda. Así, un fraile de Urdax le dijo que sus convulsiones y visiones se debían a algún defecto en su bautismo. También sufrió exorcismos por parte del abad de Aginaga, aunque como es lógico nada de esto solucionó su problema.

Tres vecinos de Anocíbar, Mari Juana, otra mujer y Miguel Zubiri fueron acusados de apostasía, herejía e idolatría y condenados a muerte el 28 de noviembre de 1578. Miguel Zubiri murió en la cárcel como consecuencia de las torturas sufridas y las malas condiciones de salubridad y las dos mujeres fueron quemadas en la hoguera en el prado de la Taconera de Iruña/Pamplona (Aunque según Florencio Idoate, Miguel Zubiri y María Juana fueron condenados a la pena de horca en noviembre de 1575, aunque la pena sólo pudo ser aplicada íntegramente a la última, por haber fallecido Zubiri y su mujer Gracia en la cárcel).

Brujería Anocibar

Muy pronto, el temor empezó a recorrer todo el valle, contagiando a los habitantes de los vecinos valles de Ultzama y Anue.

Tras la caza de brujas en el valle de Odieta, el Bachiller Ozcoidi fue a Ultzama y Anue a realizar investigaciones. En Ultzama el principal acusado fue el bastero de Lizaso, Sancho de Iraizoz, mientras que en Anue fue la posadera de Olagüe, María de Aniz. Según la declaración de un niño de 5 años, los brujos y brujas acudían a Anocibar, desde donde iban volando hasta Iruña-Pamplona en lomos de un macho cabrío.
Por suerte, estas investigaciones fueron llevadas con más seriedad y los acusados sólo fueron condenados a pena de destierro, pena que más tarde sería conmutada por el pago de una multa.

Brujas Anocíbar
Detalle del frontón de Anotzibar.

En el caso de Anotzibar, como en otras procesos, los niños tuvieron un papel clave, ya que realizaban increíbles declaraciones fruto de su imaginación.

Además, a los acusados les sometieron a tormentos para que confesasen su culpa y sus pactos con el maligno. Así, el doctor
Villagómez, miembro del Consejo Real, escribió en noviembre de 1576  al inquisidor sobre las torturas realizadas a los acusados de Anocíbar, mostrándose satisfecho de los resultados:

«Estamos admirados de las cosas que confiesan en el tormento y fuera dél. Y entiendo que hacemos particular servicio a Nuestro Señor en limpiar estas montañas de tan mala gente».

 

Declaraciones hechas en el tormento por María Juana de Anocibar, acusada por
el fiscal de bruja y hechicera.

Pamplona, 26 septiembre 1575.

Archivo General de Navarra, Serie Segunda, último fajo.

En la ciudad de Pamplona a veynte y seis de setienbre de mil quinientos setenta y cinco, en la cámara del tormento, los señores alcaldes Villagomez y Atondo, hizieron parecer ante sí a María-Juan de Anocibar, presa en la dicha carcel, acusada por el fiscal de bruja y hechicera y otras cosas.

Y por mandado de sus mercedes, yo el escribano infrascrito le notifiqué las sentencias contra ella declaradas por la Corte y Consejo Real deste Reyno, condenándola a quistión de tormento, y le di a entender lo contenido en ellas en bascuence.

Y los dichos señores alcaldes le dixeron que sus mercedes querian poner en efecto las dichas sentencias, y la exhortaban y requerían que diga la verdad, y qué panes fueron los que perdió y en qué tiempos, y qué compañía a tenido en ellos, y cómo se llaman.

Y deziendo verdad se habrán con piedad con ella, y si no, procederán en el dicho tormento. Y si se quebrare braço o pierna y
recibiere alguna lesión y muriere en el dicho tormento, será a su cargo y no de los dichos señores alcaldes.

Y la dicha María-Juan dixo que la verdad es la que tiene dicho y asentado en su deposición, lo depuso ante los dichos señores alcaldes en veynte y quatro de hagosto húltimo pasado, y no tiene más que dezir, y que una muerte debe y la quiere pagar.

Y por mandado de los dichos señores alcaldes, le fue dado a entender en bascuence lo que tiene depuesto en la dicha su deposición y lo ratificó. Y sus mercedes le tornaron a dezir y exortar que diga la verdad, que en los ayuntamientos y cosas que tiene dicho en su deposición, es claro
que no se halló ella sola, sino que tenía compañía, y si estaban allí Miguel
Xubiri y Mariacho Sandua, presos en la dicha cárcel, y qué otras personas
conoció en los dichos ayuntamientos, y en las cosas que esta que declara dize se halló.

Dixo que no conoció a nadie ni tiene más que dezir.

Y vista su pertinacia, los dichos señores alcaldes, le mandaron poner los guadafiones, y puestos, antes de apretar, los dichos señores alcaldes le tornaron a exortar y requerir lo mesmo.

E yéndola apretando, començó a planirse y dolerse, mostrando sentimiento y dolor del mal que se le hazía.

Y insistió siempre que no tenía más que dezir, y sin enbargo se le apretaron del todo, de manera que no se podía más apretar.

Y porque siempre estuvo en no querer decir otra cosa y que no aprovechaba, a cabo de rato le mandaron quitar los dichos guadafiones.

Y quitados los dichos guadafiones, la mandaron desnudar, y desnudada, se le hallaron que tenía en el rostro y en los dos carrillos dos golpes magullados, y otro golpe en el honbro izquierdo y otro en el mismo braço, todos negros. Y sus mercedes le preguntaron quién la a maltratado, pues quando entró en la dicha cárcel estaba sin los dichos golpes; y si le a benido a ber el hombre del çamarrico
biejo, de quien habla en su deposición.

Dixo que no sabe quien le a dado los
dichos golpes, ni a visto al dicho honbre del çamarrico ni a otri. Y después de
desnudada y puesta junto al tormento, dixo al executor que se encomendaba a
él.

Y los dichos señores alcaldes le dixeron que declare que más delitos a hecho de los que tiene confesados y probados, y las circunstancias dellos y que personas se hallaban allí y yban en su compañía a los ayuntamientos que en sus confesiones tiene declarado, y deziendo la verdad suspenderán el dicho tormento y se habrán con piedad con ella.

Y siempre estubo firme en dezir que no tiene compañía ni a hecho otros delitos más de los que tiene declarados, ni ay otras
circunstancias en ellos, más de lo que tiene confesado.

Y porque no quiso decir verdad, habiéndola hecho las mesmas protestaciones que al principio, le mandaron poner en el potro, y puesta, la tornaron a requerir lo mismo, con las dichas protestaciones. Y porque siempre insistió en su pertinacia, le mandaron poner los garrotes y apretarlos.

Dixo, que aun que el honbre del çamarrico viejo no quiera, ella a dicho la verdad, y que si acusase a nadie, yría su alma al infierno, y que quiere más perecer en el cuerpo que no perder el alma.

Y a cabo de rato que la tubieron así apretada y llorando de dolorida, y que no decía cosa ninguna de las que le preguntaban, con las mismas protestaciones y exortaciones, la mandaron apretar otra vez los garrotes, y apretados,
le tornaron a decir y exortar que diga la verdad, porque si la dize descargará
su conciencia, y los dichos señores alcaldes la mandarán soltar del dicho tormento.

Y la dicha María-Juan estuvo firme en decir que no tiene conpañía ni a de acusar a nadie, pues no lo sabe, y que quiere más perder el cuerpo que no yr al infierno.

Y a cabo de rato que estuvo así apretada segunda vez, y que no dezía verdad, con las mesmas protestaciones y exortaciones, la mandaron apretar tercera vez los garrotes; y al apretar, torno a dar grandes vozes, quexándose del mal que se le hazía.

Y a muchas preguntas que se le hizieron, dizo que en los ayuntamientos que tiene declarados en su deposición, vio que se juntaba mucha gente de honbres y mugeres, no vio niños ningunos, ni conoció ni vio en los dichos ayutamientos a los dichos Miguel Xubiri ni María, dicho Sandua ni a otras gentes.

Y que si dixese que los a visto en los dichos ayuntamientos, perdería su alma y la llebarían los diablos al infierno.

Y porque realmente no tienen culpa, y que la vez que esta que declara llebó los mochachos, iban con ella los mochachos, y que el cabrón negro que tiene declarado en sus confesiones, yba con ellos en figura de cabrón, y que los niños no los llebaba
a cuestas esta que declara, ni sabe quién los llebaba, mas de que yban allí en
camisa y que yba por sus pies, y el cabrón con ellos.

Y que nunca a escupido a las cruces y que es mentira lo que le acusan sobre ello, y que la vez que fue con los dichos niños y cabrón, no le beso ni tubo aceso con el, ni le a tenido ningun tiempo.

Y que tanpoco vio que le besasen ni le adorasen las otras gentes que allí estaban, y que nunca le a hecho oración ni adoración alguna, mas de lo que le dixo, aora cinco años, quando le dixo que haría lo que él quisiese y que no la maltratase, y que le a ablado en bascuence y no en otra lengua.

Y las vezes y tiempos son los que tiene declarados en su deposición.

Y otra vez le tornaron a exortar y requerir lo mismo, sino que procederían con ella con más rigor, y porque no quiso más dezir verdad, la mandaron apretar otra vez el garrote de la espinilla izquierda.

Y dió grandes vozes, y aunque le hizieron más preguntas, no quiso dezir más. Y vista su pertinacia, habiéndole tornado a exortar y requerir de nuebo, le mandaron apretar por
quarta vez el garrote de la espinilla derecha, y tornó a dar grandes vozes, doliéndose del mal que se le hazía, y apretado, se le tornó a dezir que diga la verdad y tanbién quien le a dado los golpes que tiene en su persona y rostro.

Dixo que no sabe quien le a hecho el dicho maltrato ni tiene más que dezir.

Y los dichos señores alcaldes, visto que estaba fatigada, mandaron suspender el dicho tormento y executar auto dello.

A mí. Pasó ante mí, Juan Bayo, esc.

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