Contenidos del post
EL MONASTERIO DE PETRA
El monasterio de Petra, es la última maravilla que nos depara Petra.
Después de explorar, las fascinantes (como lo es todo en Petra) Tumbas Reales, nos dirigimos a través de la Vía Columnada a visitar nuestro último objetivo de la visita a la ciudad rosada: el «Monasterio» de Petra.

LA VÍA COLUMNADA DE PETRA
Con 6 metros de anchura, la Vía Columnada era la calle principal de Petra, y fue ampliada y embellecida con losas, pórticos y columnas por los sucesivos reyes nabateos y por los romanos.
A sus lados, se encontraban los principales templos, mercados y viviendas de la ciudad. Como los restos del Gran Templo, que se pueden ver a mitad de la vía a la izquierda.
Al final de la vía, se hayan los restos de la triple puerta por la que se accedía al Templo de Qasr Al-Bint, el más importante de la ciudad.
Entre las ruinas del templo, se han encontrado inscripciones nombrando al rey Aretas IV, aunque se cree que fue ordenado construir por un rey anterior para adorar a alguno de los dioses extranjeros que adoptaron los nabateos.

LA TUMBA DE LOS LEONES DE PETRA
Durante la subida al Monasterio, si nos desviamos por un estrecho cañón lateral, llegaremos a la tumba de los Leones, llamada así por tender dos leones tallados en su fachada.
COMO LLEGAR AL MONASTERIO DE PETRA
Para llegar a lo alto de la montaña donde se construyó el Monasterio, se labraron cientos de escaleras en la roca.
El viajero tiene la oportunidad de subir o bien andando o a lomos de un burro si no se ve con suficientes fuerzas, aunque yo no lo veía demasiado seguro…
La subida tiene su recompensa final cuando vislumbramos la imponente construcción de el Monasterio.
DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO DE PETRA
La fachada está inspirada en la de el Tesoro, y como este, está dividida en dos pisos y cuenta con un tholos circular.
Sin embargo, aunque la fachada del Monasterio es más sencilla y no se encuentra tan adornada, es bastante más grande e imponente.
Aunque se le conozca como Monasterio por las cruces que hay talladas en sus muros y que fueron realizadas en los siglos IV y V, lo más pausible es que fuese un triclinio, es decir, una gran sala donde se realizaban los banquetes ceremoniales en honor a los difuntos.
Los beduinos fueron quienes lo bautizaron como «Ad Deir» (que significa el Monasterio en árabe) por las cruces grabadas y su gran tamaño.





